jueves, 2 de junio de 2016

Francia

Piedra viva en las catedrales y cuerpos muertos en la gente que camina por las calles.
Paisanos que no han salido del poblado aunque hayan viajado por el mundo.
Chanel y catinga.
París, ciudad de vértigo con ritmo campesino.
Ciudad de horas perdidas y minutos encontrados.
El kebab nos salva del frío y del hambre. Porque nosotros, junto con los árabes y los negros, a todos por igual les ofrecemos un poco de alegría.
Tan cómodo y tan ajeno.
Tierra de maravillas a la que terminaremos volviendo cuando se nos pase el enojo.