jueves, 2 de junio de 2016

Francia

Piedra viva en las catedrales y cuerpos muertos en la gente que camina por las calles.
Paisanos que no han salido del poblado aunque hayan viajado por el mundo.
Chanel y catinga.
París, ciudad de vértigo con ritmo campesino.
Ciudad de horas perdidas y minutos encontrados.
El kebab nos salva del frío y del hambre. Porque nosotros, junto con los árabes y los negros, a todos por igual les ofrecemos un poco de alegría.
Tan cómodo y tan ajeno.
Tierra de maravillas a la que terminaremos volviendo cuando se nos pase el enojo.

5 comentarios:

  1. Vivo en Buenos Aires, Siruela. Pero ando mucho por París y por toda Francia. Hablo y escribo francés fluidamente desde hace cuarenta años. Tengo amigos y familia en Francia; incluyendo un hijo francés. Sip. Francia me provoca emociones encontradas.

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  2. Ah, Vercingetorix y todos los galos juntos. Y por qué el enojo?

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  3. Nah, después se me pasa. Me encanta Francia. Pero conociendo la francia profunda, veo que es un país tremendamente rural, lo que tiene su lado bueno y su lado malo. Francia no es París; y mismo París -que una gran capital, nadie lo duda- puede volverse una ciudad pueblerina, con un sopor de siesta.

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  4. Hoy pasé por el Teatro Avenida y me acordé de Siruela. Tantos intereses en común, que pienso que algún día nos cruzaremos. Si es que no nos conocemos ya…

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